viernes, 26 de diciembre de 2008

Premonición



Esa mañana se levantó con la sensación de que algo iba a ocurrir.
Se metió en la ducha, se enjabonó a conciencia el cuerpo desnudo, frontándose con fuerza, intentando ahuyentar ese desasosiego que sentía... pero nada. Se peinó con esmero, se maquilló y arregló mejor que de costumbre... "Bueno, si ha de pasar algo, al menos que me pille guapa" pensó.
Igualmente, se vistió con esmero, se puso sus mejores botas de tacón y salió a la calle con paso seguro. Por dentro estaba como un flan. Frio, solo sentía frio en el corazón...
Aquel día tenía planeado hacer algunas compras, curiosear aqui y allá, tomar una horchata en una terracita, tranquila, celebrando la llegada del calorcito que inauguraba el mes de junio. "No voy a cambiar mis planes por un presentimiento" Así que entró en la primera tienda, mirando perchas, vestidos imposibles, pantalones de colores chillones, camisas transparentes, tops que tapaban menos de lo recomendable.... Salió para dirigirse a la siguiente tienda, y luego a la siguiente, miró y probó ropas diversas, bikinis, sandalias, gafas de sol y hasta algún sombrero. Su inquietud se calmó un poco, estaba concentrada en cosas más banales, no quería pensar, ni dejarse llevar por pensamientos inútiles.
Tras dos o tres horas de aqui para allá, entrando y saliendo de diversos establecimientos de modas varias, comprando un poquito de aqui y algo de alli, decidió que era momento de descansar un poco, y saborear esa horchata con la que llevaba todo el invierno soñando.
Buscó una terraza grande, con la suficiente gente para no llamar excesivamente la atención, y no tanta como para que tardaran siglos en servirle. Además, tenía un excelente panorama del paseo, con la gente yendo y viniendo, y se distrajo observando tras las gafas de sol nuevas el corazón de la ciudad.
Chicos y chicas, hombres y mujeres, en grupos, en pareja, solos como ella, unos deprisa, otros con calma, abrazados, charlando, riendo, de la mano, discutiendo, besándose, parando frente escaparates, alguno en bici, niñas con minifalda, señoras con vestidos, chicos en bermudas, hombres de traje, mujeres en vaqueros.....
De repente, su corazón se desbocó. Comenzó a latir tan deprisa, que no podia apenas respirar... Todavía no alcanzaba a verle la cara, pero esa silueta, esa forma de andar.... "No puede ser, no puede ser, no puede ser..." Tres palabras repiquetenado en su cabeza, mientras intentaba devolver su respiración y su corazón al ritmo anterior. Imposible, cuanto más miraba al hombre que se acercaba, más bombeaba su corazón, latiendo todas las zonas donde tenia pulso como si la sangre quisiera abandonar su cuerpo.
No podia dejar de mirar ese cuerpo, esa cara, esos ojos... Él la miró... y tras una leve sorpresa, su boca se abrió en una amplia sonrisa, descubriendo una hilera de dientes blancos, perfectos, que apuntaban hacia ella... Le mantuvo la mirada mientras se acercaba hasta su mesa, queriendo morir por dentro, pero con la cara increiblemente relajada de cara al exterior, curvando sus labios en una media sonrisa.
El tipo llegó a su mesa, se inclinó para darle dos besos, uno en la mejilla y el otro rozando ligeramente la comisura de sus labios. Ella se estremeció..... "No puede ser" Volvia a repetirse una y otra vez.....
- ¿Que haces tú por aqui? Que sorpresa verte...
- Ya ves, de compras...
- Estas muy guapa...
- Gracias. "Para lo que me sirvió contigo..."
- Oye, ¿te importa que me siente? Me tomo una cervecita contigo.
- Claro, sientate, hace tiempo que no hablamos. "Quedate conmigo para siempre"
Él se sentó junto a ella, llamó al camarero y pidió una cerveza y otra horchata para ella. Ella no podia apartar la vista de su cara, seguía tan guapo como siempre.... o quizá más.
Comenzaron a charlar de todo un poco, trabajo, antiguos amigos comunes, cine, coches.... casi como en los viejos tiempos.
Aquellos en que no les faltaba conversación, ni ganas de tocarse, besarse, amarse... Ella no podia dejar de pensar en aquellas noches de pasión, volvía a verlo desnudo, sobre ella, susurrándole al oido.... Su cuerpo perfecto, su piel morena, esos labios carnosos que la besaban sin cesar, esos ojos negros que se clavaban en los de ella cuando le hacía el amor...
Igual que cada día y cada noche de ese último año, en el que había sobrevivido, como había podido, diciéndose a si misma que la distancia y el tiempo todo lo curan.... Viviendo otras historias, conociendo gente distinta, buscando en cada uno de sus amantes el que definitivamente la hiciera olvidar....
Pero todo había sido en vano, él estaba alli, y ella seguía perdidamente enamorada....
Siguieron su conversación como dos viejos amigos, terminaron sus bebidas, pagaron la cuenta y él se levantó para despedirse. Ella se levantó con él.
- Me ha alegrado mucho verte, no imaginas cuanto... Sigues siendo preciosa.
- A mi también a ti... "Acabas de hundirme para un año más"
- He intentado llamarte varias veces, pero me decían que el telefono ya no existía....
- Si, cambié de numero. "Tenía que borrarte de mi SIM y mi memoria"
- Oye... me gustaría volver a verte pronto, muy pronto....
-¿Por qué? "Por favor, dime que aun me quieres"
- Te he echado de menos...
- Seguro que has estado entretenido todo este tiempo. "Yo solo he pensado en ti"
- No, he pensado mucho en ti, pero no sabía donde estabas, ni que hacías...
- Bueno, cuando me dejaste decidí cambiar de vida. "Tenia que protegerme, no quería que me vieran humillada y sufriendo por ti"
- Me equivoqué. Lo siento mucho.
- Lo sé.
- Me gustaría volver a intentar estar contigo....
"¿Ahora? En un año no me has buscado lo suficiente, no estaba tan lejos..."
- Lo siento, es tarde...
- ¿Ya no me quieres? Hace un rato he visto en tus ojos que si....
"Lucha por mí, demuestrame que de verdad me quieres como yo a ti"
Ella le cogió de la mano, le miró a los ojos, y le dió un beso en los labios, apenas un suave roce.... Se giró y comenzó a caminar con una bolsa en cada mano, con paso firme y sin mirar atrás... El corazón tranquilo, la respiración normal, el nudo en su pecho habia desaparecido.... Se sintió libre.

Esta vez, el la buscaría.
Esta vez, él volvería con ella.
"Pero... ¿de verdad quiero volver con él?"

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Oscuridad y alevosía

Aviso a los lectores: Este texto es sólo un ejercicio de literatura, no se pretende valorar cuestiones morales ni ofender a nadie por su contenido.



Nunca sintió miedo de caminar en la oscuridad. Es más, el ligero cosquilleo que sentía en el estómago cuando deliberamente se metía por las calles más lúgubres y oscuras de su ciudad, la excitaba sobremanera.

Fantaseaba a veces con lo que pasaría si de las sombras surgiera un desconocido, y aunque era consciente del peligro real que eso representaba, jugaba con su mente a imaginar que nada malo llegaría a pasarle.

Fue creciendo y sus fantasías con ella. Se convirtió en una persona oscura, tan negra como las calles por las que le gustaba pasear. Pero sólo se permitía sacar esa oscuridad amparada en la noche, en aquellos callejones sin luz, deseosa de nuevas experiencias llevadas al limite del abismo.
Jamás salía con bolso, ni dinero, ni nada que la expusiera a otra cosa que una relación fortuita, violenta en su justa medida, aún siendo consciente de que arriesgaba la vida. Precisamente eso era lo que la mantenía viva.

Al principio, sólo salía cada mucho tiempo, cada varios meses, y nunca ocurrió nada más que algún susto al cruzarse con alguien salido de no sabía que esquina, o que algún desconocido la parara para pedirle fuego que alumbrara su cigarro en las frías noches de invierno.
Después, su necesidad de ennegrecer su alma la impulsó a salir más a menudo, un par de veces cada mes, e ir poco a poco adentrandose en nuevas calles de desconocidos barrios, que daban nuevos impulsos a su imaginación y producción de adrenalina.

La primera noche.... esa nunca la olvida. Todavía se moja entera cada vez que recuerda como sucedió todo. Caminaba tranquila, por los callejones familiares antes recorridos, sin luz, húmedos, con olor a rancio y a orín, como una noche más. Deseaba, como cada noche, una emoción extra, algo nuevo que la hiciera sufrir y gozar a la vez, algo que quedara anclado para siempre en la negrura de sus noches, en la oscuridad de su pensamiento. En ese instante notó un frio helador en su espalda, un brazo que la agarraba del cuello, una mano caliente que le tapaba la boca y la nariz, cortandole el aliento. La arrastró violentamente hacía un portal cercano que siempre pensó abandonado. Fingió resistirse, luchar apenas con su agresor unos segundos, pero enseguida se quedó inerte, a la expectativa.

Era la primera vez, no entendía muy bien todavía el mecanismo de estas cosas. No sabía qué impulsos podían mover a esa criatura que sentía tan cerca, excitándola y paralizándola de miedo al mismo tiempo. Así que decidió colaborar y no, mantenerse quieta, pero abriendo mucho los ojos para no perderse detalle, y que el otro creyera ver en ellos un terror que apenas sentía. El hombre era bastante más grande que ella, aunque no parecía excesivamente fuerte ni musculoso, más bien algo blando, pero nervioso. La tocaba sin delicadeza, manteniendo un brazo rodeandole la cara y el cuello, aunque al ver que ella no tenía intención de gritar, fue poco a poco aflojando la presión. Con la otra mano rebuscaba entre sus ropas la manera de llegar a la porción de su cuerpo que pretendía violentar y humillar, sin darse cuenta de que ella casi le facilitaba las cosas. Llevaba debajo de la fina gabardina una falda amplia, que facilitaba el acceso a sus braguitas de encaje negras. Si, le gustaba vestirse para la ocasión, por si esta se presentaba, y aquella era la noche...

Aunque el tipo apenas prestaba atención a los detalles que ella tan cuidadosamente había preparado. Lo notó torpe tocando sus bragas, manipulando hasta que consiguió bajarselas hasta las rodillas, arrugando su falda en la cintura con la gabardina apenas abiertos los botones lo suficiente para no estorbar. La empujó contra el suelo, no muy brusco, como no queriendo hacer demasiado daño. El hombre ya llevaba la bragueta abierta, y con rapidez desabrochó el boton de los pantalones que resbalaron tambien por sus piernas, descubriendo que no llevaba ropa interior, listo para la acción sin mucho impedimiento.

Con el tipo arrodillado sobre ella, sin mirarla a la cara, sin hablar, solo dos respiraciones ansiosas mezclandose en los olores del callejón, vió su polla erecta apuntando a su vientre, dejando entrever gotas de liquido que delataban su prisa y su ansia por entrar en ella y descargar. No era una gran polla, más bien tirando a corta, pero con el grosor suficiente para hacerla daño en el caso de no estar tan mojada como en ese momento se encontraba. Sus dedos torpes empezaron a buscar entre su vello púbico el agujero adecuado que le permitiría al fin descansar, y cuando sus dedos resbalaron dentro de ella, sintió que pegaba un respingo contra su cuerpo.

-Vaya, ¿te gusta esto, putita? - le susurró el hombre al oido. Ella dejó escapar un gemido al descubrir la ronca voz...
Aquello parece que le excitó, y se apresuró a empujar su duro miembro contra sus labios húmedos, ya sin cuidado de encontrar la raja que le abría el camino a su interior, sabiendo que su misma humedad lo conduciría sin remedio entre las esponjosas paredes de su cueva cálida y espesa de flujos. Comenzó un rápido vaivén, una lucha entre los dos por ver quien se movía más rapido y más violento, desesperados ambos por llegar al fin de la efímera pasión. Y casi lo lograron a la vez, entre el barullo de ropas, gruñidos y gemidos que escapaban de sus bocas, entre el olor a rancio, a sexo, a sudor y orín que impregnaba todo el callejón. Nada más eyacular, el hombre se levantó, le dió un cachete en la cara, como de agradecimiento y advertencia, y tras levantarse los pantalones, salió corriendo abrochandose el botón...

Ella se quedó unos segundos allí, en el frio suelo del portal, rememorando la experiencia, y acercó un tímido dedo al clitoris todavía palpitante, frotando con suavidad, llegando a un segundo orgasmo casi tan intenso como el primero...
Luego se levantó, notandose dolorida y magullada, se vistió, y lentamente, tomó el camino hasta su casa...
Una vez ahí, se quitó el condón femenino que siempre se colocaba antes de salir en sus expediciones nocturnas, lo tiró al váter, giró el grifo del agua caliente y entró en la ducha...

Desde aquella noche, aprovecha cada noche sin luna, las noches nubladas y sin estrellas, y las que su negrura interior la impulsan a echarse a la calle, en busca de nuevos encuentros, de gente sin alma como ella, que compartan su vacío y oscuridad durante unos pocos minutos en un sucio portal...

lunes, 15 de diciembre de 2008

Eterna espera

Ni siquiera sé si pensaste en mi.
Solo sé que hoy ha sido un día más.
Un día más esperando...
Sólo un día más en la tristura
Que me invade cuando no estas aqui.
Y de verdad que quisiera no acordarme de ti.
Que pase un sólo día en el que no piense en ti...
Es tan difícil.
Todavía te sueño, te recuerdo y te extraño.
Y siento que es sólo....
Que sigo echandote de menos.
Y en serio, no quisiera...

domingo, 14 de diciembre de 2008

Una historia cualquiera


María bajó del metro, tomó las escaleras mecánicas que la llevaban de vuelta a la luz del día y echó a caminar por la acera en dirección a la cafetería donde solía desayunar cada día antes de enfrentarse a la jornada laboral. Todos los días hacía el mismo camino, a la misma hora, todavía medio dormida y dandole vueltas a sus pensamientos, repasando los acontecimientos de los ultimos meses. Los mismos que la habían llevado hasta allí. La inesperada oferta de trabajo en la capital, la búsqueda de piso, la mudanza, la habituación a sus nuevos horarios, sus nuevos compañeros, su nuevo entorno... Tampoco había transcurrido tanto tiempo desde que llegó, tan solo unos pocos meses. Pero le parecía que la separaban años de su vida anterior.

Como de costumbre, paró en la puerta, ante el expositor de periodicos gratuitos, cogió uno y lo hojeo mientras apuraba su cigarro antes de entrar al bar. De repente se sintió observada. Se giró lentamente y vio una silueta a pocos metros de ella. El sol de la mañana le daba en los ojos y no acertaba a distinguir los rasgos del chico que, estaba segura, la miraba. También sostenía un cigarrillo entre los dedos, y sujetaba un maletín en la otra mano. Es todo lo que le dio tiempo a ver durante los dos segundos que lo miró. Esbozó una media sonrisa y lentamente volvió a girarse para entrar en la cafetería.

Se dirigió a la barra, ya que casi todas las mesas estaban ocupadas. Se sentó en una banqueta en la zona más ancha, dejó el periódico sobre la barra, sacó el tabaco del bolso junto con el mechero y lo colocó junto al periódico. En ese momento, Pepe, el dueño de la cafetería salió de la cocina con un plato en cada mano y guiñó el ojo al ver a María.

- Buenos días Pepe, ¿como va la mañana?
- Pues ya ves, niña, ajetreada. Ahora te pongo tu cortadito.
- Tranquilo, no tengo prisa.

Desde que había llegado a Madrid y vió la ubicación de su nuevo centro laboral, le había llamado la atención la pequeña cafetería, casi escondida entre las enormes y coloridas fachadas de un Banco de renombre y una gran zapatería de llamativo escaparate. Estaba cerca de su oficina, pero a la vez lo suficientemente lejos para no coincidir con sus compañeros de trabajo en el desayuno.

El primer día que entró percibió el toque casero del local, con sus cuatro mesas ocupando casi todo el espacio libre, fotos colgando en las paredes en vez de las típicas láminas o cuadros, la barra limpia y despejada a excepción de un expositor refrigerado con unas pocas tapas y otro con bollería recien hecha. Los clientes llamaban al dueño por su nombre, y él a ellos también. Eso es lo que hizo decidirse a María por aquel local y no otro para tomar su café mañanero y leer la prensa gratuita antes de empezar a trabajar cada día. La primera semana que se dejó caer por allí, Pepe la miraba con curiosidad. El tercer día que la vió entrar por la puerta le preguntó su nombre. Ella se lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja y antes de darse cuenta le estaba contando cosas de su procedencia y su familia a aquel hombre bonachón, ya cincuentón, de mirada tierna. Cada semana Pepe le preguntaba que tal le iba por Madrid, sin interrogatorios, simplemente preocupándose por ella. María se sentía feliz cada mañana en la cafetería, pudiera Pepe hablar con ella o le dedicara el tiempo y el interés a cualquier otro cliente.

Mientras estos pensamientos transcurrían en su mente a la par que Pepe le preparaba el café, se dió cuenta que no estaba sola. Bueno sí, estaban el resto de gente en las mesas, y alguno más en la otra punta de la barra, pero ya no estaba sola en "su" trozo de barra. Levantó la vista y se encontró con una sonrisa franca, alegre, que ocupaba toda una cara.... Era la cara del muchacho que la miraba fuera, aquella que no había acertado a distinguir por culpa del sol. Su maletin se encontraba reposando en la banqueta que había junto a ella, y se dio cuenta que la sonrisa del chico no estaba en ese momento dirigida a ella. El desconocido hablaba con Pepe, con familiaridad.... así que era cliente de la cafetería... María se relajó.

Pepe notó como María y su sobrino intercambiaban miradas. Se dió cuenta de que entre ellos habia... ¿como lo llamaban los jovenes? ¿feeling? ¿quimica? Para él no necesitaba una palabra que lo definiera. Sentía el amor, o el inicio de algo bonito, en el aire. Miró un instante a ambos y decidió intervenir.

- María, ¿puedo presentarte a mi sobrino? - Lo soltó tan de repente y sin venir a cuento, que ambos jóvenes se quedaron pálidos un instante antes de pasar al rojo más absoluto.

Los presentó, "María, Javi, Javi, María" ambos se dieron los dos besos de cortesía, y cuando Javi comenzó a preguntarle a María si era de Madrid, que hacía por el barrio y todas esas preguntas que se hacen cuando tienes interés por la otra persona y hay que romper el hielo, Pepe se escabulló a la cocina a ver como iban las tortillas que vendería a lo largo de la mañana.

Tras cinco minutos de charla, María comunicó que tenía que ir al trabajo, que ya llegaba tarde. Javi le había contado que ese día tenía que hacer unas gestiones por la zona, y había entrado a saludar a su querido tío, y que tenía pensado comer luego con él en la cafetería. Le preguntó a María donde comía ella habitualmente, y si le importaba pasar por ahí a tomarse el café después de comer, antes de volver al trabajo.

- Hago jornada continua- dijo María. - Como algo en la oficina, así que si todavía estas aqui sobre las 4 de la tarde, me paso a tomar ese café con vosotros.

María fue consciente de su atrevimiento, de que estaba poniendo sus cartas boca arriba sobre la mesa, pero no le importó. Despues de muchos meses, había vuelto a sentir de nuevo mariposas en el corazón, tras sólo cinco minutos de conversación con ese chico amable, que hacía que su cabeza dejará de pensar cada vez que esos ojos negros la atravesaban. Nunca había creído en el amor a primera vista, aunque sí en la atracción física inmediata por alguien, a pesar de no haber sido nunca tan intensa como lo estaba sintiendo en ese momento con Javi. Decidió que por una vez, había que arriesgar, no dejar pasar el tren como había hecho otras veces.

Sin ella saberlo, los pensamientos de Javi eran parecidos. Desde que la había visto en la calle sabía que tenía que hablar con ella, conocerlo todo sobre ella, el por qué de esa mirada resuelta pero triste que le dirigió antes de entrar en la cafetería de su tío.

Javi se tenía por un chico normal, con más que menos suerte en la vida, un trabajo que le gustaba, amigos desde la infancia que había ido ampliando a medida que crecía, y alguna que otra novia en su pasado. Pero desde hacía un tiempo su corazón no latía por nadie, y sentía cierta añoranza de tiempos pasados en los que las mariposas hacían de las suyas de vez en cuando. Al ver a María sintió un aleteo, leve, pero suficiente como para que se le despertara el interés por la caza y por ella.

Por eso cuando ella dijo que iría a tomar un café, se sintió feliz. Si, esa era la palabra. FELIZ. Al menos, tenía la oportunidad de retomar esa conversación que dejaban a medias, de comprobar si las mariposas despertaban o volvían a dormir en su interior...

Se despidieron nuevamente con dos besos, y la promesa del café en unas pocas horas...

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Quizá


Hoy voy a agradecerte las horas pasadas contigo.
Porque ha habido un instante, en el que tus ojos me miraban con ese deseo, que normalmente contienes por saberlo no correspondido, en el que de verdad, he sentido ganas de besarte.
Ganas de conocer el sabor de tu boca, de sentir el dulzor de tus labios en los mios, de saber que deseos ocultos eras capaz de despertar en mi.
Mi cuerpo pedía lo que mi cabeza se niega a aceptar. Que quizá, en alguna forma, ese deseo que sé que sientes, que alguna vez me cuentas, también anida dentro de mi, en lo más profundo.
Y sé que quizá debería dejarme llevar.
Que quizá debiera darte esa oportunidad. Por mi, por tí, por ambos, por ninguno de los dos.
Quizá hoy era el momento.
Quizá mañana no sea lo mismo.
O quizá todo siga igual....

jueves, 4 de diciembre de 2008

Hoy he soñado


Compromiso
nObleza
humaNidad

agUa
pasióN

Mar
ilUsión
toleraNcia
soliDaridad
prOsperidad

Franqueza
tiErra
Lluvia
navIdad
paZ,

Naturaleza
hUmildad
ciElo
Vida
amOr

Y

faMilia
Esperanza
trabaJo
sOl
sueRte

jueves, 27 de noviembre de 2008

Ayer, hoy, mañana.


Dices...

Dices que hay que vivir el presente,
que el pasado no importa, que el futuro no existe....


Pero dime, si aborreces el pasado..., si desechas el futuro...
¿Dónde quedan los recuerdos?
¿Dónde la esperanza y los sueños?

Piensa...

Piensa que el pasado es lo que de nosotros hay en el presente.
Piensa que el futuro quizá haga realidad aquello que deseas hoy.

Hoy sólo eres dudas, proyectos, momentos efímeros...
Hoy será tu ayer en el mañana, el pasado en tu futuro.

El presente es un instante que muere con cada segundo...

No borres los recuerdos del ayer.
Construye sueños para el mañana.
Vive hoy....


miércoles, 26 de noviembre de 2008

Hoy tengo ganas de...


Hoy he decidido mimarme. Tengo todo pensado y preparado para una noche especial. La bañera llena de agua muy caliente, espuma, velas, incienso y aceite. El cajón secreto guarda en su interior todo lo que necesito después.

Deslizo mi cuerpo lentamente en el agua casi ardiendo, sintiendo como el calor se va introduciendo en cada poro, erizando cada trozo de piel, subiendo la temperatura de mi líbido a la vez...
Permanezco unos segundos sumergida completa en la bañera, dejando que ese calor húmedo dispare mi pensamiento, el olor del incienso sugestionando mi imaginación con escenas que me hacen sentir ese mismo ardor.

Salgo del agua y me quedo erguida dentro del habitáculo que ahora parece una sauna cálida y acogedora en la penumbra que semi iluminan las velas encendidas sobre la repisa.
Vierto un poco de aceite aromático en mis manos, y comienzo a recorrer mi cuerpo con ellas, dejando que el ungüento resbale por mi piel mojada, formando pequeñas gotas untuosas en aquellas zonas que acaricio: piernas, vientre, cadera, nalgas, pechos, cuello, brazos...
Ahora me siento totalmente sexy, en penumbra, recubierta de aceite y con los poros resaltados al trasluz de las velas....

Poco a poco masajeo mi cuerpo resbaladizo, cerrando los ojos, imaginando que mis manos son las tuyas, explorando rincones escondidos con la yema de tus dedos, despertando sensaciones dormidas desde que no estas conmigo...
Siento como mi excitación crece al recordar aquella última noche contigo, las palabras que susurraste en mis oidos, tu lengua trazando circulos sobre mis pezones, tus gemidos al sentir mis labios atrapando tu centro de placer...

Saco el lubricante del cajón secreto, derramo unas gotas sobre mi clítoris y lo extiendo suavemente por los alrededores.
El placer que siento sigue subiendo por momentos, tensando mis musculos y tersando vehemente mi piel. Introduzco un dedo en mi, luego dos... y acaricio dentro la pared rugosa y cálida que se expande por momentos, noto como mi propio jugo empapa mis dedos ya empapados de lubricante.

Vuelvo al cajón secreto y cojo el pequeño vibrador con forma de huevo que reservo sólo para ocasiones como esta.... en las que la nostalgia de tu cuerpo me invade y mis manos no son suficientes para saciar mi deseo de ti.
Presiono el pequeño botón que pone en marcha la batería y comienzo a jugar... Las suaves vibraciones del aparato me sirven para estimular mis pezones como si fueran tus dedos o tu lengua quienes los endurezcan y los hagan lucir en plenitud, haciendo que pequeñas dulces descargas recorran la parte izquierda de mi cuerpo, desde el muslo hasta el costado.

Bajo con él presionando sobre la linea que separa el intermedio de mis pechos hasta el ombligo, rodeo éste varias veces, siento el mismo cosquilleo que provocaban tus labios sobre él, tu aliento cálido que me producía escalofríos en la humedad que dejaba tu lengua sobre la pelusilla que acompaña el camino que marca desde mi vientre hasta mi pubis, dejándome con la promesa de que más tarde te ocupabas de la meta que esconde el premio al final de la ruta marcada...

Finalmente, con mi cuerpo ya mojado por dentro y por fuera, ardiendo como arde el agua que todavía cubre mis tobillos y rodillas, apoyo el vibrador sobre la piel que recubre mi vagina, recorriendo suavemente cada zona, todas sensibles al mínimo roce del aparatito que se sabe juguetón, que cobra vida propia entre mis dedos, como si fueras tú quien lo manejara y jugara conmigo...



(Si crees que falta un final... atrévete y escríbelo tú)

lunes, 17 de noviembre de 2008

Fantasía...


No se que tenía aquel hombre que me volvía loca.
No era guapo, ni alto, ni fornido, ni tenía la sonrisa perfecta.
Sólo sé que muchas noches imaginaba que eran sus asperas manos las que encendían mi piel en la oscuridad de mi cuarto.
Aquella noche fui a visitarlo. En realidad, no necesitaba nada de él. Sólo quería escuchar su voz, mirar sus labios, dejar correr mi imaginación en el instante en que sus manos gesticularan ante lo que me estaba diciendo. Ni siquiera escuchaba sus palabras... sólo observaba embriagada de lujuria ante cada movimiento de su delgado cuerpo, aquel cuerpo que necesitaba imperiosamente sentir sobre el mío.
No se sorprendió al verme, me hizo pasar con naturalidad a la trastienda de su librería, y me ofreció un cigarro y algo de beber. Amablemente rechacé la bebida y acepté el cigarrillo.
No recuerdo de qué hablabamos, sólo hice realidad mi intima fantasía.

Imaginé que en medio de la conversación, frente a frente, sus pasos lo acercaban hasta mí. Sentí sus labios sobre los míos, su lengua abriendose paso por mi boca, lamiendo cada rincón. Mi cabeza sólo acertaba a susurrar "fóllame, hazme el amor, rápido, sobre la mesa..."
No sé si mis susurros imaginarios en realidad escaparon de mi boca, o simplemente conseguía leerme el pensamiento. Sin más, me sujetó por el pelo, hizo que me diera la vuelta de forma firme, sin brusquedad, sin violencia, sin oportunidad de protestar.

Todavía agarrada por mi melena, hizo que me tumbara boca abajo sobre la mesa, mi culo en pompa expuesto hacia él. Con la otra mano me bajó el vaquero y las bragas hasta los tobillos, e hizo lo mismo con el suyo, sin dejar de tirarme del pelo, sin hacerme daño, sólo ordenando con sus manos aquello que quería hacer.

Sentí sus dedos recorriendo mi vulva, impregnándolos de mi humedad casi chorreante, acariciando suavemente sus recovecos, entrando y saliendo con sus dedos dentro de mi, llevándome casi a un orgasmo atronador que ya adivinaban mis muslos tensos y expectantes ante cada movimiento de sus manos sobre mi.

Sin previo aviso dejó de tocarme, pero enseguida noté su miembro caliente y palpitante avanzando entre mis labios mayores, acariciando con la punta mi clitoris hinchado a punto de estallar.

Entró en mi con suavidad, parando un instante, acomodando su calor y el mio, dejando que las maravillosas sensaciones recorrieran mi cuerpo y mi excitación subiera de grado deseando que comenzara a moverse dentro de mi.

Y lo hizo.... vaya si lo hizo.
Comenzó un vaivén ahora lento, ahora rápido que me volvía loca, necesitaba sentirlo cada vez más adentro, cada vez más fuerte, para que mi cuerpo se tensara del todo y pudiera dejarse llevar por el placer intenso que ya exigía cada poro de mi piel.
Inconscientemente comencé a gemir, mis ojos cerrados, concentrada en cada sentimiento que provocaban sus dedos, su boca, su pene, sobre mi cuerpo.
Cuando notó que mi cuerpo se relajaba, salió de mi, me dio la vuelta y me sentó sobre la mesa. Se agachó entre mis piernas y comenzó a lamer con su lengua mi sexo ya mojado, sensible y expuesto a sus ojos lascivos.

Volvió a penetrarme, esta vez con fuerza, acompañando el movimiento vertiginoso de sus caderas con algún que otro cachete en mis cachas minimamente apoyadas sobre la mesa, sujetando mi pierna junto a su pecho, reposada la otra en la silla que acomodaba a las visitas.
Volví a gemir, casi gritar, al sentir nuevamente como algo se cocía en mi interior hasta casi morirme de gusto.
En ese instante él comenzó a moverse como si le fuera la vida en ello, llevandome de nuevo al extasís al sentir como su liquido caliente se derramaba dentro de mi y su cara se contraía de placer ante las sensaciones retenidas.
..

- Oye, estás bien? niña, despierta... te has desmayado....
- ¿En serio? Perdona... - Esperaba que mi cara arrebolada no delatara todo lo que había sentido en ese instante.
- No pasa nada, pero estas bien?
Sujetó mi cara con sus manos, y me besó en la boca. Sentí el sabor de mi sexo en la suya y en ese instanté supe que nada de lo ocurrido lo había soñado...

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Melodía de pasión


Y sentí tus dedos tecleando notas sobre mi piel.
El pezón erizado recibía tu sonrisa calida y húmeda,
dejando un rastro de fuego y miel con cada baile de punta de lengua.
Mi vello suave cosquilleaba en tus muslos,
como tu aliento sorbía las gotas de sudor que cubrían mi escote.
La música de tus besos sobre mi cuello,
acoplaba la letra de mis susurros quebrados en el borde de tu oido.
Sinfonía perfecta de dedos, lenguas, miradas, palabras...
Poesía átona y tónica se dibuja en nuestros cuerpos.

viernes, 24 de octubre de 2008

Felicidad?


A veces un cambio, una persona nueva, un pequeño giro en la suerte, produce una gran ilusión.
Aparecen las sonrisas, el cosquilleo en el alma, los momentos de felicidad.
Charlas improvisadas, guiños complices, mensajes inesperados...
Bailes, bromas, detalles, cariño.
Y todo... por el módico precio de una sencilla amistad.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Vacío


Un día me desperté y descubrí que ya no te quería.
De repente, no sentía por ti aquello que todos estos meses me hacía imaginarte en mis noches.
Descubrí que mi pensamiento se llenaba de otras cosas, otros lugares, otra gente... y tú, ya no estabas allí.
A veces, muy de vez en cuando, me sorprendo pensando en ti.
En todas esas cosas que un día te dije.
En todas esas cosas que una vez me dijiste.
Y lo siento.... la mitad, se me olvidaron.
Olvidé tu olor, tu risa, tus ojos...
Olvidé el sabor de tus besos.
Y tras eso... solo quedó el vacío en mi corazón.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Comenzó con Alma... continuó en la Nada.

Echar de menos
en la noche.

Echar de menos
los robados besos.

Echar de menos
las risas y el silencio.

Echar de menos
las intensas miradas

Echar de menos
cada minuto
en que echabas de menos...

(Réplica a En un lugar de la Nada)

domingo, 21 de septiembre de 2008

Sería como ya lo viví



"No quiero mi vida,
si no vivo en tu sonrisa,
Yo no quiero emociones,
que no provoquen tus caricias,
Dime que pasaría si de nuevo recuerdo que te sentí...
Si como en una noche preguntara mi almohada por ti.
No quiero soñar sino despierto entre tus brazos,
Por eso que me da el simple roce de tus labios,
Se pasaban los años cada instante que me faltabas,
Dime que pasaría si recuerdo que te sentí...
Sería solo perder el tiempo,
Sería como ya lo viví,
disfrazado, añorando tus besos,
Pidiendo al silencio que me hable de ti.
Confuso entre amores forzados,
Intentando encontrar lo encontrado,
Serían todas mis ilusiones y recuerdo que te sentí.
Confuso entre amores forzados,
Intentando encontrar lo encontrado,
Sería solo perder el tiempo,
Sería como ya lo viví, si,
Recuerdo que te sentí...
No creo en las palabras que no son cómplice de mis ganas,
Ya no creo en el tiempo que dice cura lo que hoy te mata,
No, no creo en sentimientos disfrazados para ser feliz,
Lo que se me olvida pero que luego se acuerda de ti.
Sería solo perder el tiempo
Sería como ya lo viví
Disfrazado, añorando tus besos,
pidiendo al silencio q me hable de ti.
Confuso entre amores forzados,
intentando encontrar lo encontrado,
Serían todas mis ilusiones
y
recuerdo q te sentí."
Diego Martín "Sería como ya lo vivi"

Y llegas de repente, y te quedas ahí.
Sin decir nada, solo mirando.
Esperando algo que no sabes muy bien que es.
Y yo ya no sé si decir, si mirar, si acercarme a ti.
Y me canso de esperar, me canso de soñar.
Me canso de mirarte y que sigas ahí, sin decir nada.
Sólo mirando.
Deseando que yo te mire y te siga soñando...


martes, 16 de septiembre de 2008

Se rompió


Con cuidado, cerró la puerta y se dirigió al dormitorio.
El caos lo llenaba todo. La puertas de los armarios abiertas, la ropa desordenada. La mitad, su mitad, de repente vacía, tan vacía...
Abrió el cajón de la mesilla y sacó unas tijeras.
Fue hacia el baño, abrió el grifo de la ducha, dejó que el agua corriera hasta templarse y se metió dentro. El agua caliente recorría su espalda, calentando su piel y su alma, que se había quedado fría tras su marcha.
Repasaba la discusión en su cabeza. Si es que a aquel intercambio frío y cruel de palabras se le podía llamar discusión. Reproches. Susurros cargados de odio y rencor. Insultos. Desprecio. Ella mantuvo su mirada distante en un punto de la habitación mientras él recogía sus cosas. En realidad, ya no le importaba. Nada de lo que él pudiera decir le importaba. Su amor se rompió una noche. Cualquier noche. La primera noche que él la miró así. Con desprecio, como si ella no valiera los besos que el le daba. Había habido gritos, pero ella no respondió. Sólo lo miraba, y sentía como su corazón se partía con cada palabra que él escupía, con cada gesto que dirigía hacia ella, con cada mirada cruel que sentía sobre su cabeza. Finalmente, se partió. Y se sintió sola, perdida, sin saber muy bien donde quedaba la niña y donde la mujer. Nada volvió a ser igual. No sabía cuanto tiempo había pasado desde aquello, si semanas, días o solo unas pocas horas. Sólo sabía que ya no era él, que con él no volvería a ser ella.
Y le pidió que se marchase. Sin más. Sin levantar la voz, mirándolo a los ojos, sin opción a elección ninguna.
Increíblemente, él consintió. No sin antes intentar humillarla una vez más. Pero eso ya no era posible, él ya no tenía el poder. Quizá vio esa fuerza en ella que no esperaba, y se asustó. Aún a pesar de hacerse el fuerte, tenía miedo de ella, de esa firmeza, del no ver dolor ni amor, ni siquiera rencor en sus ojos. Sólo indiferencia, cansancio, asco...
Así que se fue. Sin más, sin volver atrás.
Estando en la ducha, sintiendo el agua calmando su tristeza y agonía, renovando su fuerza y calentando su alma, vio la pastilla de jabón que utilizaba él. La cogió y la tiro a la taza del water. Tiró de la cadena y observó como el remolino de agua se la llevaba a la profundidad del abismo, como se llevaba los recuerdos que conservaba de él.
Lentamente, cogió la tijera. Sujetó delicadamente mechones de su largo pelo, y fue cortando, uno tras otro, sintiendo un gran gozo en su interior con cada trozo de melena que caía al lavabo. Era el comienzo de una nueva etapa, y se sentía feliz, libre, con alguna magulladura, pero dispuesta a cuidar sus heridas.
Se vistió, recogió el dormitorio, tiró todo lo que encontró que le recordaba a él, a su paso por aquella casa que era su refugio. Hizo una bolsa con todas las migajas de aquel amor y salió a la calle.
La tiró en el primer contenedor que vio.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Te conocí...



Te conocí una noche de junio.
Los dos estabamos trabajando, aunque yo entonces no sabía que tú también lo hacías.
Pasé por delante tuyo y dijiste unas palabras al verme.
No recuerdo cuales fueron.
Pero recuerdo que te miré a los ojos, y tú me devolviste la mirada, sin pestañear.
Algo saltó dentro de mi cuando sentí esa intensidad de tus ojos en los mios.
Volví a pasar junto a ti cientos de veces aquella noche, y siempre tenías unas palabras para mi. En pocos minutos averigüaste mi nombre, de donde era, donde trabajaba, y por qué estaba alli. Yo no sabía nada de ti, excepto tu nombre.
Y que me gustabas.
Mucho.
En sólo unos minutos, sin apenas conocerte, me gustó tu mirada, me embaucó tu sonrisa, tu voz me hacía vibrar, y sólo quería tener más minutos para pasar delante de ti, para mirarte y que me miraras, para hablarte y que me hablaras, para sonreirte y perderme en tu sonrisa.
Recuerdo que cuando te pregunté tu nombre, y me respondiste, me pediste dos besos de presentación.
Yo te contesté que no podía, que estaba ocupada, que más tarde te los daría.
Sin embargo, transcurrido un rato, me acerqué a ti de pronto, te cogí del brazo, y te di esos dos besos.
Cuando menos lo esperabas, cuando ya no los esperabas...
Y entonces vi la chispa en tus ojos.
Te enamoraste de mi de la misma manera que yo lo hice de ti.
De repente, sin pensarlo, sin esperarlo, sin más...
Sólo que tú ya sabías que ese amor no tenía un principio.
Y ahora yo sé que seguramente, jamás tenga un final.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Una conexión especial

Estaba sentado en la oficina rodeado de papeles, el telefóno no dejaba de sonar, los clientes entraban, se sentaban, le exponían sus necesidades y salían, apenas había tenido tiempo ni de comer en condiciones, ni mucho menos tomar un café.

Su cabeza parecía a punto de sufrir un desparrame de ideas, números, vísceras y fuego. No le dolía todavía, pero sentía la espesura en la frente, detrás de los ojos, y sabía en que se convertiría esa sensación si no le ponía el freno adecuado.

Eran ya las siete de la tarde, solo le quedaba una hora más de puerta abierta al público en su pequeño negocio, pero después, una vez echado el cerrojo, desconectado el móvil de empresa y descolgado el telefóno fijo, tocaba desenmarañar la pila de papeles que se acumulaban sin orden sobre su mesa, meter los datos en el ordenador, hacer los pedidos para los dias siguientes, y resolver los pequeños problemas diarios que sus proveedores y clientes le planteaban.

Decidió aguantar el caos de su cabeza durante media hora más y después cerrar la puerta, desconectar teléfonos y salir al menos media hora a dar un paseo y despejarse antes de ponerse con el papeleo.

El teléfono volvió a sonar con martilleante repiqueteo. "A ver si le cambio el tono a este cacharro" pensó. Descolgó y repitió la frase de bienvenida aprendida durante varios años con el membrete de su negocio.

- Maquinarias Duna, ¿digamé?

- Hola cielo, ¿estas ocupado?

Esa voz ronca y sensual a través del telefono le liberó de parte del stress acumulado en cuestión de un segundo.

- Si, no, dime...

- Jajajajaja - su risa espontanea y franca le quitó otro poco de stress - ¿En que quedamos? Si estás ocupado te llamo más tarde...

- No, de verdad, me alegro mucho de oir tu voz en estos momentos, estaba un poco saturado.

- Ya lo imaginaba, por eso he pensado llamarte...

- ¿Cómo haces siempre para estar en el momento justo? - No lo decía en broma, desde que recordaba, ella nunca era inoportuna, siempre sabía en cada momento lo que él necesitaba o le apetecía hacer.

- Bueno... ya sabes, soy un poco bruja - Volvió a oir su risa al otro lado del teléfono y sintió como su corazón sonreía al imaginarla en ese instante.

- ¿Ah si? entonces dime, ¿en que estoy pensando ahora mismo?

- A ver... ¿que hora es? ¿las siete y media? estas pensando en cerrar la puerta, apagar el movil y salir a dar un paseo conmigo....

- Bingo!! Jajajajajaja. Pero me temo que va a ser dificil... ¿dónde estás?

- Anda, asómate, hombre ocupado...

Al oir estas palabras su corazón dio un vuelco. Estaba hablando con ella por teléfono y resulta que se encontraba a menos de 10 metros de él... Dejó apoyado el teléfono sobre la mesa del despacho, salió del pequeño cubículo que tenía por oficina y entonces la vio...

Estaba igual que la última vez que se encontraron, hacía más de 2 años. En ese tiempo habían pasado muchas cosas, pero a pesar de la distancia y el tiempo, su conexión seguía alli. De hecho, se había hecho más fuerte, gracias a las constantes llamadas teléfonicas, los emails, y las largas charlas nocturnas a través del messenger...

Ella se había ido fuera de la ciudad gracias a una oferta de trabajo que jamás conseguiría quedándose alli, y el la había echado mucho de menos.

Eran hermanos mellizos, aunque cada uno tuviera su vida, siempre estaban pendientes el uno del otro, complementandose a la perfección.

martes, 26 de agosto de 2008

Tristeza


Y siento que te alejas ya...
Giras la cabeza, echas el último vistazo y decides abandonarme para siempre.
Veo tu espalda alejarse un paso por segundo, despacio, decidido...
¿Qué voy a hacer sin ver otra vez tu sonrisa?
¿Cómo puedes dejarme sin la luz que irradiaban tus ojos castaños cada vez que miraban los mios?
- Esto no puede ser - me dijiste...
Y lo sé. Se que nunca podrá ser. Sé que nunca pudo ser.
Pero estabas aqui, en cierto modo, conmigo. Y solo con verte, mirandote a los ojos, ya soy feliz...
Egoismo, si. Asi es. Pero todos somos egoistas.
Todos buscamos una ilusión, un destello, algo que nos haga sentir vivos.
Y eso eres tu para mi...
Quizá cada momento de vida que yo siento contigo, es un momento de ilusión que a ti te quito.
La tristeza es lo único que me queda de ti.
La tristeza con la que me sonries, la tristeza con la que me miras...
Y me quedo sola, otra vez. Sola y triste.
Tristes los dos...

jueves, 21 de agosto de 2008

Y sueño contigo....

Sueño con despertarme un día y encontrarte a mi lado.
Mirarte a los ojos, sentirte en los míos.
Levanto mi mano y te acaricio la cara, despacio....
La yema de mis dedos recorren tus rasgos, se detienen en tus labios, cierran tus parpados...
y no puedo dejar de mirarte.
No sé quién eres, no me conoces.
Tus labios se acercan, tu lengua se funde en la mia.
Me abrazas, te acercas, me quemas.
Tus manos esculpen mi cuerpo, dejando un rastro de fuego.
Tus dedos abrasan, y yo me derrito....
Siento tu pecho contra el mío, mis piernas rodean tus caderas.
Entras en mi dulcemente, suavemente.
Nos movemos despacio, no se puede romper el hechizo.
Nuestras lenguas se abrazan, las manos unidas en otro abrazo caliente.
Nos dejamos llevar en este sueño...
Y terminamos abrazados, cuerpo con cuerpo, piel con piel.
Me siento tan bien.... me siento segura.
Y el sueño termina, tu ya no estás conmigo.
Vuelve... Te echo tanto de menos....
Sueña otra vez conmigo, sueña mi sueño.

lunes, 18 de agosto de 2008

Jugando con fuego (Parte III)



Un deseo ardiente la consumía por momentos, y Sergio seguía jugando con su boca, sus labios y su lengua, besandola ardientemente ahora, mas suavemente después, mordiendo y lamiendo sin piedad, haciendo que ella sintiera punzadas de placer cada vez más intensas en el centro de su ser.
De repente, Sergio paró en seco para mirarla a los ojos, y aun sosteniendola junto a su cuerpo le preguntó con esa voz ronca que a ella tanto le gustaba...

- Jugamos?

Y dirigió sus ojos al vaso de whisky y después a los sofás que había al fondo del bar.
Ella captó lo que Sergio quería decir, y sonriendo con su mirada le dijo:

- Si, por favor...

Cogieron los vasos con las bebidas y se dirigieron al sofá más cercano, sin separarse, aún besandose, no dejando que el deseo mermara en el camino.
Sergio se recostó en una esquina del sofá, quitandose la camiseta al mismo tiempo, y dejó que ella se acomodara a su lado, aprovechando el hueco de su torso. Encajaban a la perfección.
Sergio bebió otro sorbo de whisky, y al mismo tiempo agarro entre sus labios un pedazo del hielo semiderretido. Con él en la boca, le quitó a ella la blusa semitransparente que llevaba aquella noche, y también el sujetador, y comenzo un helador paseo con su lengua acariciando su cuerpo desnudo.

- Eres preciosa... - Susurró Sergio - Me encanta tu cuerpo.

Ante aquella muestra de deseo, ella se excitó cada vez más, al tiempo que los regueros helados que el dibujaba sobre ella se convertían en vapor al contacto con su piel ardiente. Suaves gemidos escapaban de su boca, y sus manos se hincaban en la espalda de Sergio cada vez que su lengua recorria un pezón, ahora el ombligo, ahora la curva que formaba su cuello junto a su hombro...

Sergio volvió a coger el vaso de whisky y le dió de beber a ella, derramando parte del contenido entre la comisura de sus labios. Las gotas de whisky aguado recorrieron su cuerpo, produciendo pequeños escalofrios allí donde llegaban. Sergio las seguía con la lengua, recogiendo otra vez el liquido derramado, dejando su calor en aquellas partes donde segundos antes sólo habitaba el frío.

La temperatura subía por momentos en el local vacio, a pesar de su amplitud. La música seguia sonando de fondo, aunque ninguno de los dos le prestaba la más minima atención. Solo tenían oidos el uno para el otro, sólo escuchaban sus gemidos y susurros, sólo tenían ojos para sus cuerpos ardientes, semidesnudos, mojados por el sudor y retazos de whisky y hielo...
Terminaron de quitarse la ropa con violencia, desatados los sentidos, solo querian yacer desnudos, unir el fuego, quemarse por dentro igual que ya lo hacían por fuera...

Ella se montó sobre Sergio, que estaba sentado en el sofá, y lo cabalgó con furia, mientras el la sujetaba de la cadera y presionaba su clitoris con el dedo, siguiendo su ritmo endemoniado, controlando las sensaciones desatadas que pujaban por salir de su interior...
Ella gemía cada vez más fuerte, perdido el control, gritando por momentos, sin ser consciente de las palabras entrecortadas que expulsaba su garganta en cada embate de la feroz lucha por llegar a tocar las estrellas con la punta de los dedos... Finalmente, explotó en un largo orgasmo, al tiempo que Sergio se dejaba llevar y la acompañaba en ese viaje al infinito....
Tras la agonía final, se derrumbaron el uno sobre el otro, abrazados, ocupando el sofá. Encendieron un cigarro aún sudorosos y extasiados, y fumaron sin dejar de mirarse, susurrandose todavía tiernas palabras de amor y deseo....

Fuera de alli eran otros, cada uno tenía su vida y su rutina, pero el deseo surgido en aquel bar, ante aquella cubitera rota, los unió en los momentos de soledad y pasión escondida entre las paredes de aquel local. Su historia solo podía funcionar alli dentro, no podían exponerla a la luz del sol, por temor de que aquel deshiciera el hechizo creado en la noche oscura.

domingo, 10 de agosto de 2008

Jugando con fuego (Parte II)



Caminaba con paso firme y seguro, que para ser la hora de la madrugada que era, no era poco. Una sonrisa fue iluminando paulatinamente su cara. Sergio al verla le correspondió con otra más amplia y un guiño de ojo.

Aunque se habían vuelto a ver desde el día del arreglo de la tapa de la cubitera, ninguno de los dos había sacado el tema, y su trato había sido cordial y amigable como antes del encuentro.

Sergio llegó hasta el final de la barra donde solía sentarse ella, y se aupó en la barra para darle los dos besos de rigor sobre ella. Eso sí, en el segundo desvió un poco la cara y fue más un roce fugaz de labios que un beso en la mejilla…. Ante el gesto, ella sintió un pequeño escalofrío de placer, ya que no se lo esperaba.

- Que tal, Sergio? Como va todo?

- Bien, guapa, cansado de trabajar.

- No me digas que terminas ahora…

- Pues casi, casi, hace un par de horas que he salido de la oficina. He ido a casa, pero quería desconectar un rato, así que me he dado una ducha y me he venido a verte…

- Pues gracias, porque está la noche de un aburrido que no veas….

Sergio echó un vistazo a la fauna que poblaba el bar aquella noche, e hizo un gesto de comprensión.

- Bueno, al menos gente si hay, habrás estado ocupada.

- Si, eso si… Bueno, que te pongo?

- Lo de siempre, cariño.

Ella lo miró a los ojos al escuchar aquella palabra salir de su boca. Sin decir nada, se giró y fue a prepararle el Dyc 8 con hielo en vaso de tubo que el solía tomar cada noche que iba al Pub. Solía ponérselo largo, más que su compañera, porque sabía que a él le gustaba así. No le importaba pagar suplemento por la copa, pero quería más de medio vaso. Ella no le cobraba el suplemento, porque era un buen cliente, y esos detalles eran los que hacían que la clientela estuviera a gusto y no se marchara a acabar la noche en otro sitio. Un dedo más de whisky en cada vaso no suponía una gran pérdida si el cliente se tomaba cuatro copas en vez de dos.

Siguieron hablando a trozos, cuando el resto de la clientela se lo permitía, y la última hora pasó volando… Cuando el reloj marcó las 04.30 a.m. bajó el volumen de la música y salió a cerrar la puerta. La media docena de clientes que quedaban acabaron sus copas tranquilamente mientras ella rellenaba las pocas botellas que faltaban en las cámaras y Sergio no le quitaba ojo, sorbiendo el whisky, viéndola ir venir por la barra, agachándose en las cámaras, ofreciendo pedazos de su escote en cada movimiento.

Veinte minutos después, salió a abrir la puerta a los clientes que marchaban y al cerrar se quedó a solas con Sergio en el Pub.

Este no le dio tiempo a volver a meterse en la barra, la sujetó por la muñeca, y estrechándola contra él le dio un apasionado beso con sabor a whisky y a sudor…

Las manos de ella rodearon su cuello, arrimó su cuerpo al de él, notando la dureza que comenzaba a surgir a la altura de su pubis.

viernes, 8 de agosto de 2008

Jugando con fuego (Parte I)



Aquella noche estaba resultando de lo más aburrida en el Pub. Se había quedado sola, como era costumbre últimamente. Su compañera estaba cansada y un poco pachucha, y le había pedido que se quedara ella al frente del garito. Se presumía la noche tranquila, así que la mandó a casa sin problemas y se dispuso a pasar unas cuantas horas allí dentro.

Después de una primera hora más bien sola, poco a poco empezó a llegar parte de la clientela habitual, sobre todo la clientela de más de cuarenta…
Éstos solían ser señores que venían solos o en pequeños grupos de dos, tres o cuatro personas. A veces también venía alguna señora, mujer de alguno de ellos, o también dúos o tríos de amigas solas y/o solteras. A esta particular fauna les gustaba tomarse la copa tranquilamente, en la barra, fumando sin parar y hablando de vete tu a saber que… No solían prestar mucha atención a la música que ponía, siempre y cuando no estuviera muy alta. Generalmente estos señores eran educados y respetuosos con ella, aunque había alguno (dos o tres no más) que eran particularmente pesados e incluso babosos. Con esos solía ser distante y fría, e incluso a veces, los ignoraba descaradamente para que se acabaran lo que bebieran y marchasen a otro lado. Entre la clientela de más de cuarenta, también había algún grupo de matrimonios al que le gustaba bailar y divertirse jugando al futbolín. Cuando estos venían, el Pub se ambientaba muchísimo más, ya que incitaban al resto a bailar, menearse de las banquetas o simplemente seguir el ritmo de la música pachanguera que se les ponía especialmente para ellos.

Luego estaban las cuadrillas de veinteañeros, que se sentaban en los sofás y no paraban de jugar al futbolín o los dardos. Esos nunca bailaban, a no ser que hubiera varias chicas en el grupo, pero les gustaba la música moderna, escuchar lo mismo que escuchaban en la radio o la tele. Con estos chicos no tenía mucho trato, les ponía las bebidas, les cobraba y generalmente no hablaban.

Y finalmente, dentro de los habituales, estaban los treintañeros, que se dividían entre los que venían generalmente en grupos de cuatro o más personas, parejas o simplemente cuadrillas de amigos, y los que venía solos o en grupos de tres o menos y que una vez allí se iban juntando entre ellos porque al juntarse más o menos los mismos ya se conocían y había afinidades entre ellos. De entre estos últimos es donde más “amistades” había hecho. Al llegar solos o ser pocos, solían hablar más con ella, y ella con ellos, además la edad también predisponía a tener más interés en la conversación que podían mantener.

Había varios a los que apreciaba especialmente, y en noches como aquella, en que se encontraba aburrida y un poco cansada, sin saber muy bien que música poner porque nadie bailaba y la clientela no la inspiraba, le gustaba que apareciera alguno de ellos para que la noche transcurriera más amena. Les preguntaba que música preferían escuchar, y los complacía poniendo alguna canción de las que le pedían. O si no había mucho jaleo, incluso salía de la barra para jugar un futbolín o unos dardos con ellos.

Pero ya llevaba allí tres horas y ninguno de ellos había llegado…
Al menos, la cosa se había animado desde la última hora, y entre atender a unos y a otros, poner música, el recoger vasos y copas y organizar la barra, se iba pasando el tiempo.
Ya sólo faltaba una hora para cerrar la puerta y apagar la música, y sirviéndose una copa para ella misma, encendió un cigarro y deseó que la hora transcurriera pronto para poder recoger e irse a casa.

En ese momento se abrió la puerta, levantó la vista y lo vio aparecer….

sábado, 19 de julio de 2008

Alto Voltaje (Parte III)



Ella le desabrochó el cinturón, bajando la cremallera del vaquero lentamente, notando el calor que la prenda desprendía en esa zona, sin dejar de lamer su cintura y su ombligo, deslizando sus manos por el lateral de los pantalones, bajando poco a poco aquellos por los muslos de él. Acarició el trozo de piel que había quedado ahora al descubierto, introduciendo los dedos por el calzoncillo, acariciando y arañando suavemente lo que encontraba a su paso, sujetando ahora un glúteo, ahora el otro, recogiendo con su mano los huevos de él, que se adivinaban tras el calzoncillo, apartando con sus dientes la cinturilla elástica y descubriendo el glande que surgía firme, besándolo suavemente y mojándolo al mismo tiempo con la punta de su lengua. Terminó de bajar el calzón hasta las rodillas, dejándolo en compañía del pantalón, y volvió a subir acariciando con las manos y las uñas los mulos tensos hasta sujetar la base de esa polla turgente con una mano y siguió acariciando sus huevos y alrededores con la otra, mientras su lengua seguía el camino ascendente y descendente por su miembro, chupando ahora un trozo, lamiendo ahora otro, mordisqueando con suavidad, introduciendo lo que cabía de aquel trozo de carne palpitante dentro de su boca, saboreando y disfrutando de la textura y el sabor que la embriagaba por momentos.

Así, con las manos ocupadas y la boca llena, lo miró a los ojos, y vio que el seguía mirándola extasiado, iluminaba su cara un gesto de placer que hizo que ella sintiera otra descarga eléctrica entre sus muslos, humedeciéndola todavía más.

Él sujeto la cara de ella entre sus manos, y lentamente, la ayudó a incorporarse hasta tener su boca frente a la suya, y volvió a besarla con pasión, apretando el cuerpo de ella al suyo como si quisiera fundirla con él, no volver a separarse jamás de aquel cuerpo que lo hacía sentir tanto placer.

Le quitó el sujetador y lo depositó sobre la barra del bar, y después de contemplar aquel perfecto par de tetas, comenzó a besarlas suavemente, a lamerlas después e incrementar poco a poco el ritmo de sus besos y mordiscos a la par que aquellos pezones surgían erectos y se oscurecían con cada roce de sus labios sobre ellos. Con una mano la sujetó por las nalgas, firmemente, apoyando los dedos en la hendidura que formaba el fin de su culo y el comiendo de sus muslos. Con la otra mano comenzó a acariciarla por encima de la braga, notando aquella humedad incontenible que surgía de su interior, y eso lo puso todavía más firme y excitado de lo que ya estaba. Deslizó sus dedos bajo la braga y ahora ya si palpó, exploró, acarició aquella caliente humedad que se abría solicita al paso de sus dedos. Ella arqueó su cuerpo al sentir aquellos dedos suaves recorriéndola despacio, arrancando sensaciones en el interior de su estomago que llevaban tiempo dormidas. No podía esperar mucho más para sentir el cuerpo de el sobre el suyo, sentir su polla dentro, transmitirle aquel calor que la quemaba y consumía por dentro. La mezcla de placeres y sensaciones que el causaba en ella en ese momento, con su boca, con su lengua y sus dedos, el roce de su miembro en su piel desnuda, la estaba llevando a un punto tal de excitación que sus piernas comenzaron a temblar incontrolablemente, y el la sujeto aun más fuerte, sin dejar de acariciar y chupar, lamer y deslizar aquellos dedos dentro y fuera de ella, rozando su clítoris durante eternos segundos antes de comenzar una nueva incursión en su interior….

Ella sintió que explotaba, que algo en su interior estallaba dejando un rastro de estrellas bajo sus ojos, pequeños regueros de placer intenso surgían de su zona más intima y se expandían por su cuerpo sin darle apenas tregua, siquiera dejándola respirar….

Se apoyó en Sergio, todavía temblorosa, y sus brazos la sujetaron en un abrazo intenso, mientras la besaba la comisura de los labios.

Bruscamente, el la levantó y la sentó en una banqueta, casi arrancándole las bragas, y buscó con la punta de su polla la entrada de su cueva, aún palpitante, nuevamente encendida tras ese gesto violento de él. Sergio se la metió hasta dentro, de una sola embestida, arrancando un grito de la garganta de ella. Era grande y poderosa, la llenaba por completo y cada embestida la transportaba a otro mundo, no podía dejar de gemir y gritar cada vez que notaba el capullo arremetiendo contra su útero, los huevos de él chocando en su culo….

El la penetró deprisa, casi con furia, dejándose llevar por toda la pasión y excitación contenida hasta ese momento. Sabía que ella había disfrutado y aún disfrutaba y sólo pensaba en vivir aquel momento dejándose llevar, embistiendo con toda la fuerza que le pedía su cuerpo, sin miramientos ni recatos. Ella volvió a notar el volcán despertando en su interior, el ritmo rápido acrecentaba cada segundo la sensación y se preparó para dejarse llevar de nuevo, agarrándose a la barra y al cuello de el para no salir disparada de la banqueta. El notó como ella venía otra vez, tensaba los músculos de su vagina alrededor de su polla, preparándose para el orgasmo. Aguantó unos segundos más, y cuando ella comenzó a gritar sin control, se dejó llevar…. Sintió el orgasmo mas brutal que había tenido en años, sintió la leche salir disparada de su polla y el calor de aquella se fundió enseguida con el calor de las entrañas de ella, que no podían dejar de palpitar al mismo ritmo que palpitaba su polla. Ambos se recrearon en la sensación de aquellos espasmos que prolongaban el placer conseguido hasta la explosión final.

De repente, ella comenzó a reír… Su risa fresca y espontánea sobrecogió aun más a Sergio. Le gustaba verla así de feliz, como en ese momento. Sin salir de ella, cogió un cigarro, lo encendió y se lo ofreció. Ella lo cogió con los labios, chupó lentamente tragando el humo y lo soltó, para que él también fumara con ella. Exhaló el humo lentamente, disfrutando de cada segundo.

Tras el cigarro, ella se separó de él, no sin antes acariciarle el culo aun desnudo, y se dirigió al baño. Se arregló un poco, se vistió y dejo que el también se vistiera. Volvió a la puerta, giró la llave, la sacó y entrando en el almacén, volvió a dar las luces de la calle.

Aun ruborizada, salió a la barra, cambió la música y se dirigió a Sergio.

- Que te pongo?

- Lo de siempre, por favor.

-FIN-

viernes, 18 de julio de 2008

Alto voltaje (Parte II)

GO TO PROFILEDESIRE.COM

De repente escuchó un clack! Y como por arte de magia, la puerta entró en su sitio y se quedó encajada como si nunca hubiera dado problemas. El la abrió y cerró con suavidad, para ver si de verdad estaba ya arreglada, y el movimiento de vaivén de la puerta hizo que ella se sintiera de repente excitadísima.
Notó como la humedad delatora entre sus piernas la invadía, y cuando él depositó en su palma abierta las piezas de plástico que sobraban, sintió una descarga eléctrica que hacía juego con los rayos que seguían rasgando el cielo rítmicamente en la calle y alumbraban el interior del bar que seguía con la puerta abierta.
- Sergio….. susurró
- Si, preciosa?
Él había notado la transformación que en esos últimos minutos se había producido en ella. Ahora sentía su deseo y eso no hacía mas que acrecentar el suyo propio. Hacía ya unos días que la observaba en silencio, que su sonrisa le resultaba arrebatadora, que aquellos ojos y aquella voz removían dentro de él pensamientos oscuros e íntimos que no se atrevía a confesarle, ya que no veía en ella el mismo deseo, solo la inocencia de la sana amistad entre dos personas que se aprecian.
Ella levantó la mano y se la ofreció a él sin decir nada más. Él sujetó la mano y la atrajo tirando de ella hacia él, estrechando el cuerpo de ella al suyo, y buscando su boca, comenzó a besarle de forma apasionada.
Sergio la sujetó de la cintura y la apartó un poco, recreándose en la cara que tenía delante, desde el nacimiento de su pelo castaño hasta la barbilla puntiaguda que le daba a ella ese aire de decisión. Ella también lo miraba, y su cabeza comenzaba a lanzar señales de alarma recomendándole que no hiciera lo que tenía tantas ganas de hacer, que no era buena idea, que era un cliente y un buen amigo y aquello….. no estaba bien. El notó sus dudas en aquellos ojos verdes, y sujetándola otra vez firmemente, comenzó a besarla despacio, como si le fuera la vida en ello, entrando y saliendo de su boca lentamente, depositando besos cálidos por toda su cara, sus pómulos, sus parpados, la nariz…. Volviendo a su boca húmeda que lo recibía con ardor, mezclando sin pudor sus salivas y alientos, sintiendo como sus lenguas recorrían cada zona de la boca del otro explorando cada rincón, sin dejar un milímetro de piel por saborear.
- Espera, dijo ella.
- ¿Qué pasa? No quieres?
- No, no es eso.
Como todavía era pronto, volvió a apagar las luces de la calle, el foco de entrada y el letrero de neón, y cogiendo la llave de la puerta, atravesó el bar, quitó la cuña de madera, cerró y giró la llave en la cerradura. Fuera seguía lloviendo a mares, no creía que fuera a venir nadie todavía a esa hora, así que no iba a causar un gran trastorno al Pub si abría después….
El había observado sus movimientos, y no sabía si salir del almacén o quedarse donde estaba por si el hechizo se rompía.
Ella lo cogió de la mano y lo sacó suavemente pero con decisión del almacén, apoyó su espalda en la pared junto a la barra, y en un segundo, lo despojó de su camiseta y acercó la cintura de él al cuerpo de ella.
Sergio volvió a la carga, besando, tocando, explorando y mirando, sujetando el pelo de ella entre sus dedos, acariciando su culo con la palma de la otra mano, acercando la cadera de ella a la suya, sin dejar de lamer, besar, morder y chupar la cara de ella, su cuello y su boca.
Ella llevaba solo un vestido corto encima de las medias musleras, una braguita y un sujetador a juego, y se alzaba sobre unas sandalias de tacón, adornadas con tiras y cristales que embellecían sus pies.
El vaquero de Sergio se ajustaba a su cadera y sus muslos, marcando los músculos hechos a base de esfuerzo y trabajo, y su torso moreno sin camiseta se veía fuerte y sexy en la penumbra del bar.
La música continuaba sonando de fondo, cosa que hacía el momento mucho más sensual si eso era posible…
Sergio le quitó el vestido por encima de la cabeza, con decisión y delicadeza, haciendo del roce de la tela un movimiento erótico en si mismo. La dejó sólo con la ropa interior sobre los tacones de las sandalias, y la contempló como si fuera la cosa más bonita que hubiera visto en su vida… Esa mirada bastó para que ella se volviera loca y se entregara a él como nunca antes lo había hecho con otro. Comenzó a besar su torso, lamiendo sus pezones y cada trozo de cuerpo sudoroso que su lengua encontraba en el camino sin retorno que había iniciado. Él sólo la miraba con deseo, acariciando la piel desnuda de ella, dejándola hacer…

jueves, 17 de julio de 2008

Alto voltaje (Parte I)



Aquella noche le tocaba abrir el Pub, casi como cada día de las últimas semanas. No tenía muchas ganas en el momento, pero sabía que una vez que estuviera allí la noche no sería muy dura. Pero el tiempo hoy estaba extraño, sentía mariposas en el estomago, la noche era fresca y amenazaba lluvia.
Justo cuando metió la llave en la cerradura, un relámpago cortó el cielo dejando un macabro resplandor en la calle. Las farolas de repente se apagaron y al segundo un gran trueno desequilibró su mente en un instante. Un escalofrío la recorrió entera, pero aún así giró la llave en el pomo y se adentró en las penumbras del bar. Aún no había cerrado la puerta a sus espaldas cuando comenzó a llover como si no hubiera caído una gota en años, llenando el ambiente de olor a humedad y a polvo y contaminación, ya que la lluvia levantaba toda la basura que acumulaban las calles y las aceras.
Se dirigió al almacén para dejar el bolso y la fina chaqueta que había cogido, encendió las luces y enchufó el equipo de música. Terminó de recoger las copas y botellas que quedaban sobre la barra del día anterior y que la chica de la limpieza no había tenido tiempo de tirar o meter a la cesta del lavavajillas. La rutina que seguía cada día para dejar todo listo y abrir las puertas al público habitual de cada noche, la tranquilizó. Bajó las luces de la barra, puso una mezcla al azar de música inglesa y comenzó a sonar Roxanne, de Police. Como le gustaba esa canción.
Una vez todo listo y el bar en orden, dio las luces de la calle, que anunciaban que el local estaba abierto, se dirigió de nuevo a la puerta y abrió la de la calle sujetándola con una cuña de madera para que no se cerrara. Seguía lloviendo con fuerza, mucha fuerza, el agua comenzaba a rebosar en las calles desiertas, y salvo las luces residuales de varios escaparates adyacentes, el resto de la calle seguía en penumbra. “Mejor, pensó, así se ve mejor el cartel y la gente entrará a tomar algo” Aunque claro, eso era si alguno se decidía a salir en esa desapacible noche de rayos y truenos…
Justo cuando volvía hacia dentro, una sombra surgida de la nada la sobresaltó.
- Hola guapa!, vaya nochecita tenemos, no?
La voz familiar de Sergio, cliente habitual con el que se llevaba cada día mejor, la relajó, aunque no pudo evitar que él viera la carne de gallina que se le había puesto de repente en brazos y cuello.
- Vaya, te he asustado, lo siento. No era mi intención, creí que me habías visto doblar la esquina.
- No, estaba perdida en mis pensamientos, la verdad, y con esta lluvia y la calle sin luz tampoco se ve mucho más allá de la nariz.
- Es verdad. Que pensamientos te preocupan, si se puede saber?
El siempre era solícito con ella, se preocupaba por sus cosas y le contaba también de las suyas. Nunca les faltaba conversación, hablaban de trabajo, viajes, amores o reflexiones trascendentales de las que arreglaban el mundo.
A veces, ella levantaba la vista y lo sorprendía mirándola, pero cuando esto ocurría, Sergio no bajaba la mirada, se limitaba a mirarla a los ojos y esbozar una sonrisa. Tenía una sonrisa bonita de verdad, acompañada de una mirada pícara que hacía brillar sus ojos oscuros detrás de las incipientes patas de gallo. Incluso cuando la barba de dos días oscurecía su cara, su atractivo era irresistible.
- Pues la puerta de la cubitera se ha vuelto a salir de las guías, me dijo Susi que tu habías conseguido meterla en su sitio la otra vez.
- Si, quieres que te lo mire?
- Vale, pasa conmigo dentro a ver si colocándole las piezas estas de plástico se queda ya bien puesta y no da más problemas.
Sergio entró en el pequeño y caluroso almacén y cogió la puerta de la cubitera. Le pidió un cuchillo y ella le enseño los remates de plástico que faltaban en la puerta y por eso la puerta no se sujetaba en su sitio. Subió un poco el volumen de la musica, y contemplaba como Sergio luchaba con la puerta mientras vigilaba el pub por si entraba algún cliente despistado, aunque a primera hora de la noche no solía llegar mucha gente.
De repente notó que Sergio la miraba.
- Anda, ayúdame con esto, sujeta de este lado mientras coloco este otro.
- Claro – dijo ella, - así te viene bien?
El volvió a mirarla a los ojos y esbozando lentamente esa sonrisa que a ella le encantaba, le susurró:
- Bueno, mejor me vendría que sujetaras otras cosas… pero supongo que tendré que conformarme con esto, si.
Ella sintió como el calor subió de golpe en su cuerpo, llegando hasta su cara haciendo que se ruborizada intensamente, sin saber muy bien por qué. Estaba acostumbrada a jugar con frases de doble sentido, a seguir el juego a los hombres sin implicarse ni dar lugar a equívocos. Pero esos ojos clavados en ella, es sonrisa seductora, el calor que hacía en el almacén y las gotas de sudor que comenzaban a formarse en los brazos y la cara de él….